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Sakyamuni

SakyamuniDel libro de Kulananda 

A diferencia de los otros dos Budas en el centro del Arbol, Sidarta Gautama, el hombre que llegó a ser el Buda de nuestro tiempo, era claramente una figura histórica. Investigaciones recientes sitúan su nacimiento alrededor del año 485 a.EC, en Lumbini, cerca de Kapilavastu, en el área al sur de los pies de los Himalayas, los cuales atraviesan la frontera Nepalesa con la India.

Su padre, Shudodana, fué un miembro de la oligarquía gobernante. Más tarde era tradicional considerar a Sidarta ''un príncipe'' y a Shudodana ''un rey'', sin embargo, cualquiera que fuera su designación correcta, sabemos que Shudodana era rico y poderoso y que el joven Sidarta tuvo una vida privilegiada.

Al momento de su nacimiento un vidente predijo que el joven muchacho estaba destinado a dirigir un imperio, ya sea polí tico o espiritual. Shudodana, deseando que su hijo escogiese el primero, trató de apegarle a las ventajas de la riqueza y el poder, proveyéndole de todo lujo que estuviera a su alcance y manteniéndole alejado de todo hecho áspero o doloroso del mundo exterior. Arregló que Sidarta se casase con una bella muchacha, Yashodara, y ella tuvo a su hijo, Rajula.

No obstante Sidarta experimentaba un agudo sentimiento de insatisfacción. Cualquier cosa que llegara a tener, cualquier cosa que llegara a hacer, siempre había un aspecto de sí mismo que permanecía insatisfecho. La mayoría de las personas que lo conocieron habrían envidiado su priviligiada posición. El tenía riqueza y posición social, era bien parecido, tenía una bella esposa, y un sano heredero. Pero también pudo comtemplar profundamente el vacío fundamental de su vida; y su integridad innata no le permitían pretender que todo estaba bien, como debía de ser. -_ bfCuál es el propósito de todo esto?- La vida parecía esencialmente carente de significado, y él no podía aceptar esto y simplemente continuar - como sus compañeros lo hicieron - con la usual rutina diaria en búsqueda de poder y placer.

Un día encontrándose montando a caballo, por primera vez se hizo consciente de un anciano, y se percató como nunca antes del hecho innevitable del envejecimiento. Al mismo tiempo, fué confrontado a su vez por la enfermedad y la muerte. Estas experiencias lo abrumaron. ¿Cuál era el propósito de una vida fácil y lujosa cuando el envejecimiento, la enfermedad y la muerte esperaban silenciosamente a la sombra - aguardando el momento oportuno para venir a llevárloselos a él, a su familia, y a sus amigos?- Finalmente, vió a un mendigo vagabundo, aparición, la cual sembró en él la semilla de la esperanza de que existía una alternativa ante la aceptación pasiva del envejecimie nto, enfermedad y muerte. Al mismo tiempo vió, que entregarse a tal empresa requeriría tomar acciones radicales, e incluso dolorosas.

Su percatamiento ante la innexorabilidad del envejecimiento, la enfermedad y la muerte le dejó con un agudo e irradicable sentimiento sobre la dolorosa superficialidad de la vida de clase alta de los Shakya. Un deber ancestral le exigía que se les uniera y se dedicara a los asuntos de guerreros y política. Aunque, en lo profundo, él sabía que una vida que negara los fundamentos de la realidad no era para él. Tenía dos opciones punzantes: podía negar la realidad, o podía negar a su familia, lujo y poder. Escogió la última, y a la edad de 29 años, dejó su hogar, dejando a su esposa, hijo, familia, poder y posición social. Se cortó el cabello, se afeitó la barba, intercambió su ropaje de guerrero por los andrajos de un mendigo religioso, y comenzó su búsqueda por la verdad y la liberación.

Eran tiempos inquietos. Reyes rivales se encontraban absorbiendo y centralizando lo que alguna vez fueron estructuras sociales basadas en los clanes. La antigüa religión de los Vedas y sus sacerdotes Bramánicos se asociaban más aún con estos gobiernos centralizados y una nueva clase de practicantes religiosos comenzaban a emerger. Estos eran ascetas vagabundos, quienes, insatisfechos con las convenciones sociales y el ritualismo hueco de la religión establecida, abandonaron sus hogares y posiciones sociales para vagar por los alrededores, viviendo de limosnas en búsqueda de la verdad. Sidarta se convirtió en un 'vagabundo', y su comportamiento impactó a aquellos que le conocieron con gran fuerza:

"Y así, el Buda, aquél lleno de nobles características, caminando en búsqueda de alimento, a su propio tiempo llegó a Rayagája, en Mágadha.
El rey Bimbisára, de pie en su palacio, habiendo llegado a contemplar aquél lleno de nobles caraterísticas, llamó a su séquito:
'Miren cuidadosamente amigos, él es apuesto, bien proporcionado y de bella complexión. Su paso es placentero con sus ojos puestos a tan solo poca distancia; con sus ojos mirando hacia abajo él es atento y no parece provenir de una familia inferior. Manden a mis mensajeros reales para averiguar a donde se dirige.'2
Así, los mensajeros del rey fueron en búsqueda del futuro Buda y mandaron a alguien de vuelta para que informara al rey:
'Su majestad,' dijo,'el monje se ha asentado al lado este del Monte Pandava. ¡Se encuentra sentado dentro de su güarida montañosa como si fuera un león, un tigre, o un toro!'"3

El rey fué a ver a Sidarta.

"'Eres ta n solo un joven, estimado amigo, un muchacho en la plenitud de tu vida. Eres apuesto y bien proporcionado. Pareces ser un príncipe de noble nacimiento.
Destacando dentro de un espléndido ejército, siendo apreciado por un consejo de nobles, gozarías de la riqueza que puedo otorgarte. Pero por favor dime, ¿De qué familia provienes tú?'
'Rey,' contestó, 'no muy lejos de Gimavant, la tierra de la nieve, se encuentra un país llamado Kosala. Los habitantes de Kosala son ricos y fuertes.'
'Ellos provienen de la raza del sol y el nombre de su familia es Shakya. Esa fué la gente que dejé atrás cuando me alejé del deseo y el anhelo por placer.'
'He visto la miserias que vienen con el placer. He visto la seguridad que trae el renunciar a ellas;

Así que ahora ,
Me dedicaré a la renuncia,
Esto es el deleite de mi mente;
Es en ésto donde mi mente encuentra felicidad. '"4

Sidarta buscó los más famosos maestros espirituales de su tiempo, pero pronto los superó en logros espirituales, y dándose cuenta que incluso los elevados estados a donde le habían dirigido no proveían las respuestas a lo que él estaba buscando, decidió abandonar a cada uno de sus maestros a su debido tiempo y eventualmente continuó su búsqueda por cuenta propia .

Era comúnmente aceptado en esa época que uno conseguía liberar el espíritu al debilitar la prisión de la carne, y así, por los siguientes seis años, Sidarta practicó austeridades extremas.

"A causa de comer tan escasamente, mis miembros llegaron a verse como segmentos unidos de los tallos de una enredadera o de un bambú.... mi espalda llegó a verse como la joroba de un camello.... las protuberancias de mi columna vertebral se veían co mo cuentas encordadas.... mis costillas sobresalían demacradas como las tablas de un viejo granero sin techo.... el brillo de mis ojos se hundió tanto en sus cuencas, que parecía el resplandor de agua hundido en el fondo de un pozo profundo.... mi cuero cabelludo perdió vitalidad y se secó tal como se marchita y se seca una calabacita al estar expuesta al viento y al sol.... la piel de mi vientre se adhirió a mis vertebras; de tal manera que si tocaba la piel de mi vientre podía sentir mis vertebras y si tocaba mis vertebras podía sentir mi vientre.... si trataba de aliviar mi cuerpo al frotarlo con mis manos, mis bellos podridos de raíz, se desprendían de mi cuerpo al frotarle."5

Famoso por el grado al que llevaba su asceticismo, pronto atrajo seguidores. Pero aún se encontraba insatisfecho; seis años después de haber abandonado el hogar, aún no se encontraba más cerca de resolver las cuestiones fundamentales sobre la existencia. Percatándose que sus auteridades no le habían conducido a ninguna parte, Sidarta tuvo el coraje y la integridad para abandonar el curso que había tomado previamente. Casi habiéndose muerto de hambre, comenzó a comer con moderación y sus previos discípulos, escandalizados por su 'desliz', le abandonaron disgustados.

Ahora Sidarta se encontraba completamente solo - familia, clan, reputación y seguidores le habían abandona do- Todos sus intentos por romper el velo de la ignoracia habían fallado. Desolado, no sabía qué camino tomar entonces. Sólo estaba seguro de una cosa - él no abandonaría su búsqueda.

En ese momento una memoria surgió a la superficie de su mente. Cuando él era bastante joven, sentado a la sombra de un árbol de manzanos había estado observando a su padre arando la tierra. Relajado por el lento y constante ritmo de los bueyes, sentado plácidamente a la sombra, espontáneamente se había deslizado en un alto estado meditativo - ¿Podría ser éste el camino hacia la Iluminación?- En este estado de crítica solitud existencial, con determinación inquebrantable, Sidarta se sentó debajo de un árbol con la siguiente resolución: "¡Mi piel podrá marchitarse, mi sangre podrá secarse, pero no dejaré éste asiento hasta ganar la Iluminación!"

Se sentó en meditación por toda la noche. Viendo la determinación de Sidarta sentado en meditación, Mara, el Malvado, se estremeció con pavor:

"Mara se encontraba al lado de sus tres hijos - Frenesí, Regocijo, y Orgullo Sombrío - y sus tres hijas - Descontento, Deleite y Sed. Éstos últimos le preguntaron porque se encontraba tan desconcertado. Y él respondió con las siguientes palabras: 'Miren a ése sabio, arropado con la armadura de la determinación, con verdad y virtud espiritual como armas, llevando las flechas del intelecto, ¡Listas para disparar! Él se ha sentado con la firme determinación de conquistar mi reino. ¡No les sorprenda que me encuentre hundido en profundo abatimiento! Si él tuviera éxito en derrotarme, y pudiera proclamar al mundo el camino último a la beatitud, entonces hoy mi reino se vería vacío... sin embargo, mientras aún no haya abierto el ojo de la sabiduría plena. Él se encontrara d entro de mi esfera de influencia. ¡Mientras aún haya tiempo, por lo tanto deberé de romper su solemne propósito, y lanzarme contra él como el cauce de un río estrellándose contra el terraplén!'

Sin embargo, Mara no pudo hacer nada en contra del Bodhisattva, y así, él y su ejército fueron derrotados, huyendo en todas direcciones - su regocijo se apagó, su trampa resultó inútil, sus rocas, leños y árboles se disiparon por todas partes- Huyeron cual ejército hostil cuyo comandante había sido muerto en combate. Así Mara, derrotado, huyó junto con sus seguidores. El gran vidente, libre del polvo de la pasión, victorioso sobre la tenebrosa obscuridad, los había vencido."6

Sidarta se sentó tranquilamente debajo del árbol, permitiendo que su mente se apaciguara. Gradualmente todas las diferentes corrientes de su psique comenzaron a fl uir juntas. Su concentración se incrementó y poco a poco, su mente se tornó más clara y brillante. Fué una experiencia intensamente placentera, pero Sidarta no se dejó distraer por el placer, y dejándolo ir, se adentró en estados de una ecuanimidad cada vez más profundos. Dejando atrás cada estado precedente, él se adentró en una absorbción meditativa más y más profunda. En la última vigilia de aquella noche de luna llena de Mayo, la Iluminación completa finalmente se manifestó.

Sidarta Gautama había llegado a ser el Buda.

"Y la luna, como la gentil sonrisa de una joven doncella, iluminó los cielos, mientras que una cascada del dulce perfume de flores, impregnando la humedad, cayó sobre la tierra desde lo alto."7

Sidarta pasó varias semanas absorbiendo ésta profunda experiencia. Por algún tiempo, refleccionó si podía o no hacerle saber a otros su descubrimiento de la Iluminación. Era tan sutil. Para penetrar en ello requería calma y gran concentración, pero la gente estaba tan enganchada en deseos triviales, ganando y gastando - tan apegados a su familia, sus amigos, riqueza y reputación.

Entonces, la leyenda dice que un ser celestial apareció y le rogó que enseñara, pues había algunos seres en el mundo "que tenían tan sólo un poco de polvo en los ojos" y que anhelaban desesperadamente la enseñanza. Con el ojo de su imaginación, el Buda contempló a todos los seres en el mu ndo. Los vió como un vasto manto de flores de loto. Algunos estaban hundidos en el fango, otros alzaban sus cabezas al nivel del agua, y otros más se encontraban por encima del agua - aunque tenían sus raíces en el fango, al mismo tiempo estaban elevándose hacia la luz. Había seres que entenderían lo que tenía que decir. Y así, el Buda se decidió a enseñar.

Dejando el lugar que ahora conocemos como Bodh Gaya, caminó alrededor de cien millas hasta Sarnath, cerca de la antigüa ciudad de Varanási, donde algunos de sus previos discípulos moraban en un parque de venados. A manera que el Buda se les acercaba, ellos se miraban mutuamente con disgusto - allí estaba el pecador Gautama, aquél que en el pasado fué un renunciante solitario. ¿Qué es lo que quería él?- Ciertamente, ellos no le iban a recibir con respeto alguno. Pero a manera que el Buda se les aproximaba , ellos fueron poseídos por su calma y por su radiante comportamiento, que no pudieron más que mostrarse respetuosos.

Estos eran hombres necios. Endurecidos por años de asceticismo, buscadores espirituales de tiempo completo, ellos pensaban que lo habían escuchado todo. Sin embargo, el Buda parecía aproximarse a la vida desde una dimensión totalmente nueva. Había algo diferente sobre él que no podía ser explicado. Llegaron a debatir - de manera franca y directa. Las discusiones duraron por varios días. La convicción del Buda y su confianza era absoluta. Él había encontrado el hábil Camino Medio a la Iluminación, un sendero que nos conduce entre los dos extremos del hedonismo y el ascetismo.

Finalmente, el asceta Kondiya despertó. Él pudo apreciar hacia donde le estaba conduciendo el Buda y tuvo la misma clase de experiencia que el Buda tuvo debajo de aquél árbol en Bod h Gaya. Su apego a su personalidad limitada se desvaneció y él ahora también era libre de la atadura del deseo. El Buda estaba deleitado - "¡Kondiya sabe!" exclamó, "¡Kondiya sabe!". Lo que el Buda había descubierto podía ser comunicado. Si Kondiya podía entenderlo entonces otros también podían hacerlo. La Humanidad se beneficiaría de éstas enseñanzas. Al paso de los días siguientes también los otros ascetas se iluminaron. Después un joven llamado Yasa se les unió también. Discutiendo con el Buda, él también se convenció de la verdad de sus enseñanzas y trajo a su familia y amigos a que vinieran a oír al Buda. De esta manera una nueva Sangha comenzó a surgir. Pronto hubo sesenta seres iluminados en el mundo y el Buda les mandó fuera a enseñar "por el bienestar y felicidad de muchos, en compasión por el mundo".

Por los siguientes cuarenta cinco años, el Buda recorrió India del Norte, ya sea sólo o acompañado por miembros de la comunidad que se encontraba formando alrededor de él mismo. A manera que él viajaba, él enseñaba también. Reyes, cortesanos, barrenderos y familias enteras, toda clase de personas vinieron a escuchar su Dharma, en el curso de su vida, la fama del Buda como maestro se extendió a lo largo de India del Norte, en un área de cincuenta mil millas cuadradas, comprendiendo siete diferentes naciones. Era conocido como Shakyámuni -- el Sabio del clan de los Shakya -- y había un inmenso interés en lo que él tenía que decir. Habiéndose iluminado a la edad de 35 años, él vivió hasta los ochenta, y todos esos cuarenta cinco años los dedicó para enseñar. A excepción de la estación de lluvias, cuando él y cualquier otro de sus seguidores se recluían en retiro, él caminó sobre los senderos calientes y polvosos, a través de villas y ciudades, viviendo de limosnas, tomando tan sólo lo que se le ofrecía libremente, y dirigiéndose a todo aquél que quisiera escuchar lo que tenía que decir, sin hacer distinciones de sexo, casta, vocación ó religión. Entre sus seguidores había dos de los principales reyes de la región, así como muchos miembros de las más poderosas familias republicanas, y algunos de los más ricos comerciantes. Durante sus viajes vino a tener cercano contacto personal con ascetas vagabundos, campesinos, artesanos, comerciantes y ladrones. Gente de todas las castas formaron parte de su sangha, donde ahí perdieron sus designaciones de casta y clase separatistas, y de esa manera, simplemente llegaron a ser "seguidores del Buda".

Dondequiera que le era posible, el Buda trataba de ayudar a la gente a ver las cosas como son realmente, respondiendo a cada situación desde las profundidades de su sabiduría y compasión. Él era afectuoso y dedicado a sus discípulos, frecuentemente preguntaba por su bienestar y progreso. Cuando se quedaba en un monasterio, realizaba visitas diarias a la sala de enfermos. En una ocasión, él mismo atendió a un monje enfermo que era ignorado por los demás monjes e hizo el comentario que "el que atiende a los enfermos me atiende a mí." El Buda no aceptaba el sistema religioso de castas, una institución en la India que se había establecido por largo tiempo, él reconocía el potencial religioso tanto de hombres como mujeres de cualquier posición social.

"¿Qué más da todos estos títulos, nombres y razas? Son meramente convenciones mundanas. Toman lugar por consentimiento común. Esta falsa creencia que ha estado profundamente enraizada en las mentes de los ignorantes por largo tiempo y (aún) estos mismo ignorantes nos dicen:
'Uno se hace bramín de nacimiento.'
(Por el contrario) uno no nace bramín; nadie nace como no-bramín. Un bramín es bramín por lo que hace;.... Un bramín es el resultado de autodisciplina, una vida sana y autocontrol. Esta es la esencia del verdadero Bramín."8

Él apreciaba tanto la belleza natural como física. En varias ocasiones fué conmovido estéticamente, tal como dijo a Ananda como algunos lugares eran deleitantes para él. Una vez dijo a sus monjes que si no habían visto a los devas del Cielo Tavatimsa, deberían de admirar a los bien parecidos Licchavis, bella y elegantemente vestidos en varios colores.

El Buda amaba la paz y tranquilidad; incluso los seguidores de otros maestros respetaban sus deseos en este sentido, acallando sus discusiones cua ndo él se acercaba. No permitía que monjes ruidosos vivieran cerca de él y a menudo pasaba largos periodos en solitud, teniendo un monje trayéndole sus comidas. El Rey Pasenadi no podía comprender como el Buda mantenía tal orden en la sangha, cuando él, un rey, con el poder de infligir castigo, no podía mantenerlo tan bien en su corte. El Buda le dijo que mantenía el orden y disciplina sobre la base de amor mutuo, afecto, y respeto que existe entre maestro y discípulo.

El Buda tenía un sentido del humor discreto e irónico. Un bramín engreído, que tenía el hábito de degradar a otros, le preguntó al Buda cuales eran las verdaderas cualidades de un bramín. Dentro de una li sta de cualidades superiores, tales como estar libre del mal y ser puro de corazón, el Buda incluyó gentilmente "no degradar a otros."

La valentía del Buda se hizo notar en varias ocasiones. Él fué solo y desarmado, a confrontar a un asesino en serie, Angulimala, y cuando su primo Devadata conspiró contra su vida varias veces, el Buda rehusó el ofrecimiento de sus seguidores a tener un guardaespaldas.

A la edad de 80, con su cuerpo desgastado y atormentado por el dolor, el Buda realizó una última gira de enseñanza, dando a todos sus amigos y seguidores una última oportunidad para preguntar cualquier cosa sobre la enseñanza. Todavía hasta el final, él estaba totalmente consciente y preocupado por el bienestar de otros. Un vagabundo llamado Subhadra vino a verle en su lecho de muerte, y Ananda, compañero del Buda, le hizo alejarse, no deseando que el Buda fuera perturbado en tal momento, pero el Buda insistió en habla r con él, y Subhadra, convenciéndose de la verdad del Dharma, se unió a la sangha.

Entonces cuando el Buda preguntó si alguien dentro de la asamblea de la sangha tenía alguna duda o pregunta con respecto a su enseñanza. Con la consideración que le caracterizaba, él permitió que aquellos que se sentían demasiado avergonzados para preguntar por si mismos lo hicieran a través de un amigo. La respuesta fué un resonante silencio. El Buda había hecho el Dharma totalmente claro. Haciéndose consciente de ésto, él dió una exhortación final a sus seguidores: "¡Todas las cosas condicionadas son impermanentes! ¡Con atención consciente, sigan luchando!" Y de ésa manera él entró en una profunda meditación y falleció.

1. Este texto viene del libro de Kulananda "Teachers of Enlightenment" sobre el árbol de refugio. Traducción por Chandramsu.
2.Sutta-Nipata, op.cit, pág.46
3. Ibíd., pág.47
4. Ibíd ., pág.47
5. The Middle Lenght Discourses of the Buddha,Wisdom Publications, Boston 1995, p.339.
6. Del canto 11 del Buddhacarita, ó "The Acts of the Buddha", por Asvagosha. Edward Conze, Buddhist Scriptures, Penguin, London 1959, pág.48-49
7.Ibíd. pág. 48-49
8. The Mahavastu, en Buddhist Scriptures, op. cit., pág.21-23.
(chandramsu / 28/10/2003)